Ganadores y perdedores en el mundo tras la derrota de Donald Trump en las elecciones de EE.UU.
El triunfo de los demócratas de manera arrasadora plantea la posibilidad de un nuevo mundo para los próximos dos años. Trump hizo un culto de la personalidad y la resolución de los conflictos sólo con acciones unilaterales. Ahora, llega el tiempo de la "venganza" o el alivio de enemigos y de antiguos aliados.

El triunfo de los demócratas de manera arrasadora plantea la posibilidad de un nuevo mundo para los próximos dos años. Trump hizo un culto de la personalidad y la resolución de los conflictos sólo con acciones unilaterales. Ahora, llega el tiempo de la "venganza" o el alivio de enemigos y de antiguos aliados.
"El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha llegado con una amistad que nunca antes había existido entre un primer ministro israelí y un presidente estadounidense. Y es dudoso que volvamos a tener un presidente tan amigable". Las palabras de Benjamín Netanyahu tienen estricta actualidad. La durísima derrota que le impuso el electorado norteamericana lo puso en un lugar más que incómodo frente al mundo.
Diferentes líderes mundiales, incluso de países tradicionalmente aliados, se vieron obligados a anotar en sus agendas una larga lista de cuentas pendientes con la Casa Blanca. Es el momento de sacarlas a relucir, durante estos próximos dos años, en los que Trump ha quedado en una posición aún peor que la que representa la tradicional figura política del "pato rengo".
Al mismo tiempo, hay algunos dirigentes locales y mundiales que han quedado en una posición incómoda. No tanto por la derrota de Trump, sino por la magnitud indudable de la "ola azul" que arrasó en toda la Unión Americana.
La victoria de los demócratas en las elecciones legislativas de Estados Unidos representa un duro golpe para Donald Trump y puede modificar el equilibrio de fuerzas internacionales. Canadá, México, Brasil, la Unión Europea y el Reino Unido aparecen entre los posibles beneficiados. China y Rusia también podrían aprovechar el debilitamiento político de la Casa Blanca.
Pero hay dos protagonistas que sobresalen: Benjaíin Netanyahu, por el contrario, aparece entre los grandes derrotados en el mundo, justo cuando se juega su continuidad en el gobierno de Israel.
Canadá y México ganan margen para negociar frente a las amenazas arancelarias de Trump, mientras que el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva encuentra una oportunidad para fortalecer su discurso multilateral. En Europa, dirigentes como Pedro Sánchez y el primer ministro británico, Keir Starmer, pueden recuperar espacios de diálogo con Washington y defender una relación transatlántica menos conflictiva.
China, en su guerra comercial y, en especial, en la rivalidad por la inteligencia artificial y los chips de última generación, tiene una mejor posición para plantarse ante la Casa Blanca.
Vladimir Putin está más que entusiasmado. Si ya eran muchos los cuestionamientos al apoyo de Trump a Zelenski, ahora el presidente ruso necesita incluso el respaldo de los demócratas para evitar que continúe el aporte de dinero y armas a Kiev.
El régimen fundamentalista tiene un margen mucho más amplio para avanzar con sus planes. Algunos sectores medios, pero con influencia, creen que es el momento de abandonar cualquier negociación y seguir adelante con el proyecto que tiene como objetivo final la fabricación de una bomba atómica. El propio Trump, seguramente sin pensarlo, favoreció a los iraníes. Fue cuando denunció los acuerdos que, mal o bien, habían logrado que Irán tuviese que mostrar periódicamente su plan nuclear. Ahora, con un Trump debilitado, habrá muchos menos argumentos para presionar a Teherán, incluso en torno al golfo de Ormuz.
Párrafo aparte para el gobierno argentino. Javier Milei decidió establecer una alianza estratégica con Estados Unidos en todos los niveles. Desde el acuerdo comercial hasta el respaldo económico y financiero, con el swap de 20.000 millones de dólares del Tesoro de los Estados Unidos que el Gobierno computa como parte de las reservas del Banco Central de la República Argentina. Todo queda ahora en un marco de expectativa y atención frente a lo que pueda suceder en Washington. A esto se suma un riesgo país que, en apenas cuatro meses, duplicó su nivel y alejó drásticamente a la Argentina de la posibilidad de acceder al mercado internacional de financiamiento.
La principal incógnita es si Teherán aprovechará el nuevo escenario para reclamar garantías y alivio de sanciones o intentará retomar su programa nuclear, con el riesgo de provocar una nueva escalada regional.
Trump conserva la presidencia, pero pierde margen legislativo. El nuevo mapa político estadounidense puede convertirse así en un cambio de oportunidades para aliados y adversarios en todo el mundo.






