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Política

Lula y una remontada que no estaba escrita: las redes, la calle y la historia detrás de la victoria

Más votantes en las urnas, una campaña que aprendió a disputar las redes y un candidato que convirtió su historia obrera en identidad política.

Redacción
Lula y una remontada que no estaba escrita: las redes, la calle y la historia detrás de la victoria

Las elecciones se definen de múltiples maneras. A veces, un debate en televisión se convierte en símbolo , las redes sociales se vuelven campo de batalla, la calle recupera protagonismo y una ventaja inicial puede desarmarse en las urnas. El triunfo de Lula tiene un poco de cada condimento y obliga a mirar más allá del resultado final.

No hay una explicación única para el resultado ni datos que permitan atribuir el voto de cada persona a un episodio específico. Pero la participación electoral, la comunicación digital, los debates y la presencia en las calles permiten reconstruir algunas de las claves de una remontada que no estaba escrita.

En la primera vuelta del 4 de octubre, había votado el 78,92% del padrón brasileño . En el balotaje, la participación subió al 80,78% y la abstención bajó del 21,08% al 19,22%.

La diferencia fue de 1,86 puntos porcentuales. En términos absolutos, casi tres millones de personas más acudieron a votar en la segunda instancia. Fue un dato excepcional: la abstención cayó entre ambas vueltas, en lugar de aumentar, como suele ocurrir en las elecciones presidenciales brasileñas.

Lula pasó de 53,88 millones de votos en la primera vuelta a 64,26 millones en el balotaje. Sumó alrededor de 10,38 millones de sufragios . Flávio Bolsonaro también creció y pasó de unos 56,10 millones a 59,83 millones, cerca de 3,72 millones adicionales.

Aunque la derrota electoral de la derecha represente un retroceso en ese espacio, tampoco hay que confundirse: Flávio Bolsonaro conservó una base de casi 60 millones de votantes e incluso amplió su caudal respecto de la primera vuelta. Lo que cambió fue la capacidad de cada uno para crecer: Lula consiguió sumar muchos más votos y transformar una desventaja de 2,23 millones en una victoria por 4,43 millones.

Los números no permiten afirmar que quienes se incorporaron al balotaje hayan votado mayoritariamente por el presidente electo, pero sí muestran que la elección no quedó congelada después del primer resultado y que todo puede cambiar en cuestión de semanas.

La campaña de Lula había identificado dos tareas: retener a sus votantes y convencer a los indecisos, a quienes todavía no tenían decidido su voto. Para eso necesitaba algo más que recordar su trayectoria o defender su gestión. Tenía que volver a movilizar.

Durante años, la derecha brasileña demostró una capacidad para ocupar las redes sociales, instalar mensajes y convertir las discusiones políticas en contenidos que circulan a gran velocidad. En la recta final, la campaña de Lula decidió disputar ese territorio con una intensidad diferente.

El diputado André Janones tuvo un papel central. Su canal de WhatsApp, conocido como Exército do Lula, superó los 10 millones de seguidores y se convirtió en una estructura de difusión y movilización. La idea era que los mensajes no dependieran únicamente de las cuentas oficiales del candidato o de los partidos aliados, sino que pudieran circular a través de miles de usuarios.

No alcanza con tener grandes argumentos si no llegan a quienes pueden cambiar el resultado. Y Janones lo sabía bien.

La estrategia política viró hacia videos breves, el lenguaje directo, contenidos pensados para el celular y la convocatoria a compartir publicaciones.

Lula grabó videos en formato selfie, participó en transmisiones en vivo y se mostró más dispuesto a hablar directamente con sus seguidores. La campaña dejó de apoyarse exclusivamente en la comunicación tradicional y sumó una estética más informal, capaz de circular en los mismos espacios en los que sus adversarios habían construido parte de su ventaja.

El propio Lula reconoció la importancia del espacio digital durante su discurso de victoria. Agradeció a Janones, a quien le atribuyó un papel "exponencial" para mantener la moral de la campaña y anticipó que la comunicación digital tendrá un lugar mucho más importante en su próximo mandato.

El temor a un avance de la derecha también reactivó las calles con masivas movilizaciones. Las convocatorias y las redes sociales se reforzaron mutuamente , porque las plataformas ayudaron a organizarse y, luego, las manifestaciones aportaron imágenes y testimonios que podían volver a recircular por Internet.

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La comunicación digital traspasó la campaña. Tras su victoria, Lula prometió cambiar la forma de gobernar, ampliar la participación ciudadana y hablar directamente con los brasileños varias veces al día. También cuestionó el papel de las plataformas durante las elecciones y reclamó regularlas: "No es posible que no tengamos conciencia de que el crimen en el mundo digital tiene que ser tratado igual que el crimen en la vida real" , afirmó.

No es posible que no tengamos conciencia de que el crimen en el mundo digital tiene que ser tratado igual que el crimen en la vida real

La discusión incluye las noticias falsas, pero también el poder de las grandes tecnológicas sobre los datos y la conversación pública. "Enseñaremos más matemáticas, más ingeniería, porque no quiero depender de la inteligencia artificial china o estadounidense ; quiero crear una brasileña" .

La elección deja así una discusión sobre quién comunica, quién distribuye los mensajes y quién controla las plataformas en las que se forma una parte creciente de la opinión pública.

El cruce entre los candidatos en el debate presidencial permite observar otra dimensión simbólica. Flávio Bolsonaro recurrió a la lesión que Lula sufrió en su juventud para cuestionarlo.

Lula sufrió un accidente laboral mientras trabajaba de metalúrgico, a sus 17 años. Esa experiencia forma parte de su biografía y de la identidad obrera sobre la que construyó buena parte de su carrera política.

La burla no podía quedar reducida a un ataque personal, porque alcanza a quienes conocen de cerca los riesgos del trabajo manual, a quienes sufrieron accidentes laborales y a quienes saben que una lesión puede tener consecuencias permanentes.

Para Flávio, los nueve dedos eran una chicana para ridiculizar a su rival. Para Lula, esa mano cuenta otra historia . Una historia que no es solo suya, sino también la de millones de trabajadores.

Si hay alguien acá que sabe lo que es el mundo del trabajo, soy yo. Si hay alguien que perdió un dedo a los 17 años, fui yo. El pueblo trabajador está viendo. Millones de trabajadores sufren accidentes por irresponsabilidad patronal.

La respuesta le permitió recordar quién era antes de convertirse en presidente y por qué esa trayectoria sigue teniendo un peso político. La política también se juega en esos gestos: en qué se elige convertir en una burla y qué experiencias se reconocen como parte de una vida colectiva.

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